Danza del vientre. Sombras del Desierto.

Aprende danza del vientre con un enfoque diferente, cultural y saludable. Bienvenido a Sombras del Desierto. Disfruta!

31/10/09

Lo femenino como género neutro.

Hace unas semanas recibí un mail de una antigua alumna que me felicitaba por la nueva web, y una de las cosas que me dijo, y que me hizo reflexionar, fue lo siguiente:

"Enhorabuena! Es una web, clara, directa y con la información justamente detallada ;-). Tan solo un apunte para ser crítica jejeje: Tanto en la página de entrada como en algún otro lugar de la web hablas en femenino y aunque la mayoría de tus alumnas sean mujeres, tú que ERES HOMBRE, debes pluralizar NIÑOOOO. Tú mejor que nadie sabes que la danza no es solo para mujeres y debes impulsarlo así aunque la corriente general en este momento sea otra ¿vale? Ea, queda dicho ;-)"

Uno de mis profesores de Interpretación a quien más aprecio usaba el género femenino como género neutro en clase. Siempre que se dirigía al grupo hablaba de sus actrices o de sus alumnas. En clase éramos justo mitad chicos y mitad chicas.

Este maestro, porque era un maestro, decía que durante siglos a la mujer le había parecido normal que se usara el género masculino como neutro, y no por ello había dejado de ser mujer ni perdido su feminidad. Y que ahora, en estos tiempos de tanta reivindicación feminista, debíamos aprender a usar lo femenino como género neutro sin que ello causara bromitas ni debates. En fin, que se usara con normalidad. A fin de cuentas al hombre no se le va a caer el pito a cachos por eso.

Esto al principio causaba risa y sonaba raro, pero con el tiempo era algo totalmente normal. Y es que debería ser así.

En mis clases uso el femenino como género neutro. Me parece más justo puesto que las alumnas son mujeres al 80% o más. ¿Y pasa algo? Pues no, porque es ya algo normal, afortunadamente. Y también diré que nunca ningún alumno hombre se ha sentido molesto por ello.

Recibir a los visitantes de mi web con un "bienvenidas", usar en clase el femenino como género neutro o incluso ponerme en clase una camiseta que reze "Encantada de la vida" no afecta en absoluto a mi condición de hombre, ni a mis hormonas ni a mi neuronas. Aunque lo de la camiseta sí que afecta a mi estado de ánimo, porque me río y porque provoca la risa en los demás. Y reír tiene aún más beneficios terapéuticos que la danza del vientre, o no?

Pues eso, que viva el vino y las mujeres!

23/10/09

¿Cuánto vale la mujer árabe?

No puedo negar que soy un enamorado de la cultura árabe, entre otras cosas, por sus valores humanos y sociales. Mientras más la conozco, más me gusta. Y por eso que me hiere el tratamiento que desde los medios se da a todo lo relacionado con lo árabe. Nos manipulan para hacernos creer que somos libres y liberales comparándonos con unos vecinos supuestamente opresores y fundamentalistas. Pero el peor fundamentalismo es el que surge de la ignorancia y el conformismo con que nos tragamos todo lo que escuchamos, vemos y leemos a través de los medios, que, en su mayoría, responden a unos intereses estratégicos o comerciales que ignoramos.

Cuando uno viaja, y yo viajo mucho, conoce personas de otras culturas y se da cuenta de que las verdades nos las cuentan a medias. Y ya sabemos que una verdad a medias es la peor de las mentiras.

Hace unas semanas, viajando de Madrid a Valencia, tenía una señora a mi lado que iba leyendo una revista "cultural" (recalco las comillas) sobre el Islam. No sé si es de mala educación leer el periódico de la persona de al lado, pero la curiosidad me mataba.
La mayoría de los epígrafes se centraban en la situación de la mujer árabe, y no estaban precisamente escritos con actitud conciliadora, sino todo lo contrario. Te invitaba a odiar a los moros con "verdades a medias" sobre las atrocidades y miserias que sufre la mujer en los países árabes.

Ya en Valencia, tomando un té con mi amigo Tarek, egipcio, y Fatah, un electricista argelino que conocí en el momento, saqué el tema.
Se quejaban del tratamiento que se da en los medios a todo lo árabe o islámico, y con respecto a las mujeres, les comenté uno de los epígrafes que leí en la revista de aquella mujer: "Según la ley islámica la mujer vale la mitad que el hombre".

Fatah me dio una explicación con un ejemplo: Si un hombre muere y tiene un hijo y dos hijas, el cincuenta por ciento de la herencia es para el hijo, y el veinticinco por ciento para cada hija. La parte que le corresponde a cada hija es intocable, es decir, es para ella para toda su vida. La parte que le corresponde a él se destinará a dar una buena vida a su esposa y sus hijos.

Y continuó:
En la vida de un hombre árabe hay cuatro mujeres: su madre, su hermana, su esposa y su hija. Estas cuatro mujeres son como una corona que el hombre lleva en su cabeza. Cuando me encuentro con otra mujer sé que ella es madre, o esposa, o hermana, o hija, y por tanto merece el mismo respeto que le tengo a las mías.

Me recordó a la típica frase que se oye en ciertos ambientes "futboleros" de España: "todas las mujeres son unas guarras menos mi madre". En fin... ya sé que se dice de broma, pero vaya broma.

En España podemos presumir y presumimos de ser liberales, a pesar de que al macho ibérico le dé vergüenza bailar, a pesar de que aceptamos que una mujer tome drogas pero no aceptemos a una mujer sin depilar, a pesar de que nuestros jóvenes no distingan entre "haber" y "a ver", a pesar de la poca importancia que damos a nuestros ancianos... Somos liberales a pesar de las estadísticas de mujeres maltratadas... y asesinadas. Somos liberales porque la mujer ha adoptado los roles masculinos y se ha devaluado aún más lo femenino.

No podemos criticar una cultura desde otra, y menos aún desde el desconocimiento. Os invito a que conozcáis y a que os sentéis a hablar de estos temas con gente árabe (hombres y mujeres). Se aprende mucho no solo de su cultura, sino de la tuya propia, y te vuelves más libre. Y también así se evitan las guerras. Aunque quizás no interese ni una cosa ni otra. Perdón. Perdón.

8/10/09

La danza del vientre, cosa de hombres.

Copio y pego un artículo sobre la danza oriental masculina aparecido en el Diario El Mundo el 20 de agosto de 2007. Es curiosa la forma en que trata el tema y, aunque no está exento de algunos errores, la forma de hacer las descripciones es bastante divertida.

La danza del vientre, cosa de hombres.

Con perilla, con estómagos peludos y con pantalones, pero con la misma sensualidad que las mujeres. Turquía recupera, en versión masculina, los contoneos pélvicos de su baile nacional.

JAVIER CID

Mientras las mujeres estaban recluidas en el harén, los hombres entretenían al sultán con la danza del vientre. Hoy, 400 años después, algunos bailarines recuperan esta tradición, que está arrasando en las discotecas de Estambul.
Dicen los más viejos del lugar que la locura pélvica, retorcida y agitanada de la danza del vientre se remonta a las prácticas de alumbramiento. Siglos, siglos y más siglos han depurado el sudoroso ritual de las contracciones parturientas hasta convertirlo en arte. Y hoy, el tintineo de los abalorios en su cortejo con las caderas es una de las señas de identidad de Oriente Medio y el Norte de Africa.

Con estos antecedentes, el copyright de la danza del vientre se sigue agarrando a los senos carnosos de una mujer, a su ombligo de melocotón, a las curvas que envuelven la cintura femenina para después explotar en unos glúteos firmes y esféricos.

Pero ese copyright también tiene su versión masculina. La de barrigas prominentes y peludas, la de bombachos anchos, perillas pobladas y un bulto misterioso en la entrepierna.

Y no. No se trata de una deformación puntual en el mapa genético de este baile universal. Es una de las mercancías más exportables del folclore árabe y, en los últimos meses, el último grito en las pistas de baile. La danza del vientre parapetada tras el cuerpo rotundo de un señor varón pone los ritmos extravagantes a esa noche de Estambul que mira a Occidente y pide más.

Turistas y paisanos enloquecen con las performances de estos boys en versión coránica. Tanto, que Centroeuropa comienza a caer en las redes de este baile. Un baile que, sin embargo, no es nuevo.

Su origen se remonta a los días de gloria del Imperio Otomano. Mientras el ejército lanzaba el grito de guerra hacia los cuatro puntos cardinales -hace ahora 400 años-, la vida en palacio era un despliegue deluxe de oropeles y banquetes orquestados por la filosofía del carpe diem. Y como las mujeres del harén estaban destinadas a aquello del parir, fueron los hombres los que se encargaron de poner un poco de ambiente en las bacanales del sultán. Y es aquí donde entra en escena la danza del vientre con barba de cuatro días.

«La mayoría de la gente cree que la danza oriental es un baile femenino, pero yo no estoy de acuerdo», explica Alex, uno de los bailarines del Club Fox de Estambul, a la agencia Reuters. «Incluso considero que resulta mucho más sensual en el cuerpo de un hombre que en el de una mujer».

Cuando la música dance de la pista deja de sonar, empieza un baile de codazos entre el público. Todos quieren ver su barriga holgada. La luz se suaviza. Comienza a sonar una tonadilla arabesca. Alex -tocado con cadenas, bombachos holgados, cinturón de brillos y excesos- acapara toda la atención. Los movimientos de su estómago recuerdan a la versión femenina, pero las líneas de sus brazos, más definidas, escupen testosterona hasta el último rincón de la sala.

El público enloquece. Pero las felicitaciones y las propinas nocturnas y las ovaciones no son un termómetro exacto de la aceptación de este fenómeno en la calle. El machismo ha clavado sus dientes en esta, dicen, «profanación de sus raíces ancestrales». La reelección del partido islamista del primer ministro Tayip Erdogan -defensor a ultranza de los valores tradicionales- dibuja un panorama complicado.

Sin embargo, Alex no se deja intimidar. «No veo ningún problema en el rechazo», afirma. «Hay trabajos más marginales que el mío. Y cada vez tengo más imitadores, así que debo estar yendo por el camino correcto».

Barrigas y barbas
Los 'shows' de Alex reproducen las interminables noches que, bajo la batuta del sultán, animaban la vida de palacio en el siglo XVII. A sus 36 años, este bailarín autodidacta ha dedicado cientos de horas a investigar en los archivos de Estambul. El secreto de su éxito, puesto a prueba todos los días en el Club Fox de la capital turca, descansa en los giros modernos de sus movimientos. «He querido aportar un toque actual a la tradición», señala. Como él, decenas de hombres de barriga prominente y barbas pobladas, han 'desempolvado' una tradición asociada a las mujeres. Las discotecas de la capital turca se los rifan. Centroeuropa no los pierde de vista. Y ellos, casi sin saberlo, están haciendo historia.

1/10/09