“Great artists are great not just because of their technique but because of their passion"
Marta Graham
Danza del vientre. Sombras del Desierto.
Aprende danza del vientre con un enfoque diferente, cultural y saludable. Bienvenido a Sombras del Desierto. Disfruta!
28/9/06
21/9/06
Breve historia del folklore
La expresión artística más preponderante entre los árabes es la danza. Entre sus manifestaciones la más característica es el dabke o zapateo, el cual se acompaña con complejas coreografías, danzas en bloque, palmas y gritos. Además del dabke se encuentran las danzas de solistas, en las cuales las mujeres y hombre muestran la belleza y docilidad, y el galanteo y precisión respectivamente. La música árabe tradicional se caracteriza por la melodiosidad de los ritmos, y por la ejecución de instrumentos muy distintos a los de occidente. Entre los instrumentos encontramos: Laud, Kanun, Derbabke, Daff, Cistros, Platillos digitales o Gnawas, Cítaras, Zurna, Buzak, Nay, etc. Las milenarias tradiciones culturales de los pueblos árabes se remontan a fechas inmemoriables. Estas tradiciones y manifestaciones culturales han ido evolucionando con los años, pero nunca han perdido su esencia. El mundo árabe mantiene fielmente sus tradiciones culturales. (...)
El dabke es una expresión cultural de la creciente fértil, que abarca a Siria, Líbano y Palestina. El significado de Dabke es zapateo, por lo que en sus bailes se puede apreciar la fuerza de sus gritos, movimientos y aplausos, al igual que interesantes coreografías con pasos muy variados. Antiguamente se bailaba en la época de la cosecha como una forma de celebración. En la actualidad el baile ha adquirido un matiz un tanto diferente, puesto que ha evolucionado hacia una forma más acusativa, en la que muchos bailes son un rechazo a la ocupación de la tierra Palestina.
Por Rodrigo Farías Olivá (Director Ballet Nacional Chileno Árabe AL ARD AL BAIIDA)
19/9/06
Concierto Nancy Ajram

He aquí un artículo aparecido en El País sobre el concierto de Nancy Ajram. Bajo mi punto de vista el escritor es poco objetivo y/o no se ha informado del todo bien. Entre otras cosas Nancy Ajram no es musulmana, por lo que no se le puede llamar "la Madonna del Islam" y no es de recibo su comparación, un tanto insultante, de la cantante con un cedro porque no se mueve (no es bailarina, es cantante).
Fue una pena la mala organización del evento y más pena aún porque ya estamos acostumbrados a que esto pase.
Nancy Ajram ofreció en el Sant Jordi un concierto para minorías
La estrella del pop árabe congregó sólo a 200 espectadores
LUIS HIDALGO - Barcelona
EL PAÍS - 11-09-2006
La gran estrella del pop árabe actuaba en Barcelona, y en el camino hacia el Sant Jordi no se veía un alma. La actuación de Nancy Ajram apenas atrajo a dos centenares de espectadores.
Dentro del recinto se descubrió una cosa aún más dolorosa: a la hora prevista para la actuación de Nancy aún no habían comenzado los conciertos de los dos teloneros, por lo que el acto se iniciaba con un retraso de al menos dos horas, entre otras cosas atribuibles a la bisoñez del organizador del acto, un restaurador libanés instalado en Barcelona que decidió darse el gustazo de contratar a la Madonna del islam. Porque Nancy viene a ser más o menos eso, una cantante que une las melodías populares árabes con una inspiración y vocación pop que la han convertido en una estrella en todo Oriente. Allí su imagen es popular en televisión y menudean sus actuaciones en hoteles, fiestas privadas, juergas de jeques y demás boatos en los que 60 euros, precio de la entrada del Sant Jordi, son la propina para quien aparca el Mercedes. La comunidad árabe de Barcelona aún no puede darse ese lujazo, y pese a que el alto el fuego en Líbano permitió a Nancy, libanesa ella, actuar en Barcelona, los precios de las entradas resultaron prohibitivos.
Llegó el gran momento de la noche y la banda de Nancy formó en el escenario. En total, 14 músicos vestidos de negro como ella, pero ninguno con el escote dadivoso que lució esta hurí hecha cantante cuya sola presencia ya comportó que algunas jovencitas se levantasen la camiseta, mostrasen el vientre y lo comenzasen a agitar como los no viajados hemos podido comprobar que se hace en los restaurantes libaneses.
Nancy Ajram es Madonna sólo en términos de popularidad, porque la libanesa se mueve menos que un cedro y dispone de un carisma que a ojos de un occidental no pasaría de discreto. Otra cosa es situar a una señorita rubia y escotada, cantando canciones de inspiración pop que, según dijo un amable espectador preguntado a bocajarro, hablan de amor, en un contexto musulmán. En estos términos, puede que Nancy Ajram deje a Madonna a la altura de una ursulina porque no es menos cierto que el grado de sensualidad que se vivió en la pista, llena de miradas inequívocas, algún gesto concupiscente y varios vientres tal que juncales azotados por la brisa, no se ha visto en el concierto de ninguna estrella occidental.
La expresión del público, que en cuanto salió Nancy franqueó las vallas que separaban la zona normal de la zona reservada, en la que toda la primera fila lucía el misterioso cartel de "Señora E. Mohamed", era de no poderse creer que estaba tan cerca de la diva. Ésta no respondió con un concierto largo, pero al menos se dejó ver, mostró profesionalidad, evidenció que el pop casa con todo, y de paso que Barcelona comienza a tener un papel, antes inexistente, para los artistas que sólo gustan a las que aún hoy llamamos minorías étnicas.
Nancy Ajram ofreció en el Sant Jordi un concierto para minorías
La estrella del pop árabe congregó sólo a 200 espectadores
LUIS HIDALGO - Barcelona
EL PAÍS - 11-09-2006
La gran estrella del pop árabe actuaba en Barcelona, y en el camino hacia el Sant Jordi no se veía un alma. La actuación de Nancy Ajram apenas atrajo a dos centenares de espectadores.
Dentro del recinto se descubrió una cosa aún más dolorosa: a la hora prevista para la actuación de Nancy aún no habían comenzado los conciertos de los dos teloneros, por lo que el acto se iniciaba con un retraso de al menos dos horas, entre otras cosas atribuibles a la bisoñez del organizador del acto, un restaurador libanés instalado en Barcelona que decidió darse el gustazo de contratar a la Madonna del islam. Porque Nancy viene a ser más o menos eso, una cantante que une las melodías populares árabes con una inspiración y vocación pop que la han convertido en una estrella en todo Oriente. Allí su imagen es popular en televisión y menudean sus actuaciones en hoteles, fiestas privadas, juergas de jeques y demás boatos en los que 60 euros, precio de la entrada del Sant Jordi, son la propina para quien aparca el Mercedes. La comunidad árabe de Barcelona aún no puede darse ese lujazo, y pese a que el alto el fuego en Líbano permitió a Nancy, libanesa ella, actuar en Barcelona, los precios de las entradas resultaron prohibitivos.
Llegó el gran momento de la noche y la banda de Nancy formó en el escenario. En total, 14 músicos vestidos de negro como ella, pero ninguno con el escote dadivoso que lució esta hurí hecha cantante cuya sola presencia ya comportó que algunas jovencitas se levantasen la camiseta, mostrasen el vientre y lo comenzasen a agitar como los no viajados hemos podido comprobar que se hace en los restaurantes libaneses.
Nancy Ajram es Madonna sólo en términos de popularidad, porque la libanesa se mueve menos que un cedro y dispone de un carisma que a ojos de un occidental no pasaría de discreto. Otra cosa es situar a una señorita rubia y escotada, cantando canciones de inspiración pop que, según dijo un amable espectador preguntado a bocajarro, hablan de amor, en un contexto musulmán. En estos términos, puede que Nancy Ajram deje a Madonna a la altura de una ursulina porque no es menos cierto que el grado de sensualidad que se vivió en la pista, llena de miradas inequívocas, algún gesto concupiscente y varios vientres tal que juncales azotados por la brisa, no se ha visto en el concierto de ninguna estrella occidental.
La expresión del público, que en cuanto salió Nancy franqueó las vallas que separaban la zona normal de la zona reservada, en la que toda la primera fila lucía el misterioso cartel de "Señora E. Mohamed", era de no poderse creer que estaba tan cerca de la diva. Ésta no respondió con un concierto largo, pero al menos se dejó ver, mostró profesionalidad, evidenció que el pop casa con todo, y de paso que Barcelona comienza a tener un papel, antes inexistente, para los artistas que sólo gustan a las que aún hoy llamamos minorías étnicas.
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